Resolución

Existe un fenómeno, un tanto particular que a veces tiene lugar en la vida de una persona. Un día despiertas, a media noche o como de costumbre, y sabes exactamente lo que debes hacer, como lo debes hacer y el objetivo o propósito final que te impulsa. No se trata de una cuestión de recursos o tiempo, sino de compromiso, de que has decidido que tu vida, tus energías y todo tu empeño se entregarán por completo a una idea que te obsesiona y que no te detendrás hasta que la hayas alcanzado o la veas materializada.

Ese estado de consciencia, que podría definirse como ideal en ciertas circunstancias, es lo que he denominado «resolución». Si nos apegamos a la definición estricta de la palabra encontraremos que la resolución se entiende como el acto de resolver, dar fin a un razonamiento, emitir un decreto, una decisión, exhibir una actitud de valor, dar solución a un problema, dificultad o duda. Todas estas descripciones se ajustan perfectamente al sentido que me interesa transmitir.

Muchas veces vivimos con dudas, en un estado de indecisión, estancamiento o bien, sin un propósito que nos encamine. A veces son épocas transitorias que atienden al curso natural de la vida, otros la viven permanentemente. Sin embargo, algunos tenemos la suerte de experimentar ese estado de «resolución» donde adquirimos el valor para enfrentar absolutamente todo, hacernos responsables de nuestra realidad y generar las soluciones que nos aportarán bienestar o nos permitirán alcanzar nuestros objetivos. Este estado de consciencia te permite avanzar sin distracciones, enfocándote exclusivamente en lo que aporta a tu recorrido. Por tanto es un estado fundamentalmente egoísta, porque en el se entiende que nadie pondrá prioridad a nuestros intereses antes que los suyos, y cuando internalizas esa lógica verás como te terminas alejando de muchas personas, pero al mismo tiempo notarás como te vas a acercando a tus objetivos a una velocidad que jamás hubieses imaginado.

En un estado de resolución no estarás solo, habrán personas que comenzarán a valorarte y te apoyarán porque respetan tu determinación y tratarán de hallar los puntos de encuentro que permitan a ambas partes crecer. Ese es el tipo de personas que suman, que te permiten ir más rápido hacia tu objetivo, te desprendes de todo el peso muerto de relaciones que te impedía avanzar. No solo te desprendes de personas, sino de hábitos, valores, creencias, actitudes e incluso información y conocimientos innecesarios. Comienzas a precisar cuáles son los elementos que son prescindibles e impresindibles en tu vida. Entiendes que la vida es como un platillo, debes buscar los ingredientes adecuados para prepararlo y tu sólo eres el responsable de que su sabor final sea el que te satisfaga.

Llegar al estado de resolución puede ser tan fortuito como planificado. Puede presentarse a través de un evento traumático que desencadene un conjunto de cambios en tu ser, o bien, puede ser el producto natural de un conjunto de decisiones que has elaborado conscientemente. Sea de una forma u otra, es un fenómeno particularmente hermoso porque te conecta con tu esencia y te encamina hacia un propósito de valor.

Particularmente, he experimentado un estado de resolución en varias ocasiones. Un día me desperté y decidí que sin importar el dinero, el tiempo o la energía que demandara, alcanzaría mi objetivo. Ahora viendo en perspectiva el punto de partida, me parece sorprendente e incluso hasta irreal lo que logré. En los momentos más dificiles, que no fueron pocos, siempre emergió casi de manera milagrosa, una situación, una alternativa, una solución que me permitió salir adelante. Más allá de la fortuna o la suerte personal, creo que lo fundamental fue el estado de resolución en el que me encontraba, ya que esas oportunidades no hubiesen podido ser aprovechadas sin el fuerte compromiso de alcanzar mi objetivo final. A veces somos afortunados de manera que no somos del todo conscientes y sólo podemos actuar en beneficio de nuestro objetivo cuando estamos determinados articular esas ventajas para llevar a cabo nuestro proyecto.

Estos últimos cuatro años han sido maravillosos, perdí muchas personas y cosas que solían tener valor para mí pero gané otras que me sumaron increíblemente a mi proyecto de vida y me llevaron a alcanzar un estado de satisfacción que nunca imaginé. Después de cuatro años, retomo este espacio para escribir. No tanto para un fin profesional, sino para compartir desde mi realidad personal, algunas ideas y pensamientos que se asoman.

Deja tu comentario