Oye tú

Oye, tú, que te has vuelto un experto en formularios, trámites y papeleo.

Oye, tú, que has aprendido a vivir entre la primavera y el invierno.

Oye, tú, que has aprendido a escuchar, a hablar y a entender varios idiomas.

Oye, tú, que te esfuerzas de una manera que pocos a tu alrededor alcanzan a comprender.

Oye, tú, que atraviesas cada día una tormenta de sentimientos.

Oye, tú, que respondes «estoy bien» aun cuando por dentro todo tiembla.

Oye, tú, que has aprendido a recorrer el mundo con solo una maleta a cuestas.

Oye, tú, que te has enamorado de una tierra distinta a la que te vio nacer.

Oye, tú, que has descubierto que la amabilidad, el amor y la cortesía son lenguajes universales que no necesitan traducción.

Oye, tú, que has aprendido a convivir con quienes piensan distinto.

Oye, tú, que ves oportunidades y encomiendas tus sueños a las estampas de un pasaporte.

Oye, tú, que has tenido que abandonar un lugar que amabas.

Oye, tú, que serías feliz con solo un poco de eso que otros dan por sentado.

Oye, tú, que muchas veces ves a quienes amas a través de una pantalla.

Oye, tú, que llevas un nudo en la garganta que parece no deshacerse nunca.

Oye, tú, que prosperas en silencio.

Oye, tú, que has aprendido que nunca estás solo cuando Dios camina contigo.

Oye, tú, valiente, optimista, aventurero.

Oye, tú, no dejes nunca de buscar un mundo mejor.

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