La paz del exterior me confirma que el mundo parece estar mejor sin mí. Intenté alcanzar la felicidad pero no pude, pertenecemos a espacios distintos. Ahora solo me dedico a ser testigo del paso del tiempo. Fui marcado tantas veces que me volví implacable. Después de una larga caminata por el pasillo me obligan a tomar asiento. Un sacerdote me recuerda a Dios, inquieta pensar sobre sus intenciones. La vida con frecuencia puede parecer horrible, incluso a segundos de mi pena de muerte, pero, aun así, me es imposible despreciar la belleza de este mundo.
Microcuento I 2017 © Alejandro Guipe | Derechos reservados.
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