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Investigación2026

De los tokens a los átomos

La inteligencia artificial está cruzando de los bits a los átomos. Este working paper parte de la aparición de Project Prometheus...

Physical AIEngineeringAutomationFuture of work

Hasta ahora, gran parte de la inteligencia artificial se ha utilizado para producir información: textos, imágenes, programas informáticos, análisis y recomendaciones. Sin embargo, una nueva generación de sistemas pretende ir más allá de las pantallas y participar en el diseño de medicamentos, materiales, motores, dispositivos médicos y otros productos físicos.

El propósito principal de este artículo es estudiar las consecuencias económicas de esta transición desde la inteligencia artificial digital hacia la llamada inteligencia artificial física. El trabajo distingue dos etapas fundamentales en la creación de un producto: diseñarlo y demostrar que realmente funciona.

La inteligencia artificial puede generar miles o millones de diseños en muy poco tiempo. El problema es que todos esos diseños deben ser probados mediante prototipos, laboratorios, ensayos clínicos, pruebas de seguridad y procesos de certificación. Estas actividades físicas no avanzan a la misma velocidad que los modelos informáticos.

El principal resultado del artículo es lo que denomina la “paradoja del coste de validación”. A medida que diseñar se vuelve más barato, pueden generarse tantos candidatos que el coste total de comprobarlos aumenta. En otras palabras, producir ideas casi gratuitamente no significa producir bienes finales de manera casi gratuita.

Los ejemplos de nuevos materiales y medicamentos desarrollados con inteligencia artificial muestran esta diferencia. Los sistemas pueden reducir considerablemente el tiempo necesario para descubrir una alternativa prometedora, pero las pruebas físicas, clínicas y regulatorias continúan requiriendo años.

La conclusión es que el verdadero desafío de la inteligencia artificial física no será solamente crear mejores diseños, sino acelerar de forma segura su validación. Para ello serán necesarios mejores laboratorios, simulaciones fiables, gemelos digitales y procesos regulatorios capaces de aceptar evidencia informática. En el futuro, la capacidad de comprobar que una idea funciona podría ser más escasa y valiosa que la capacidad de generarla.