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El tiempo va a pasar igual

La vida se parece un poco a un juego. Hay reglas que no elegimos, jugadores que aparecen y desaparecen, objetivos que vamos definiendo sobre la marcha y decisiones que, poco a poco, terminan…

#reflexiones

La vida se parece un poco a un juego.

Hay reglas que no elegimos, jugadores que aparecen y desaparecen, objetivos que vamos definiendo sobre la marcha y decisiones que, poco a poco, terminan construyendo nuestro camino.

También se parece a un juego de cartas.

A cada uno le toca una mano diferente.

Algunos empiezan con cartas extraordinarias: oportunidades, recursos, contactos, estabilidad, talento, una familia que los impulsa.

Otros comienzan con mucho menos.

Y algunos parecen percibir, desde el principio, una combinación profundamente injusta.

No podemos elegir las cartas con las que comenzamos.

Pero sí podemos aprender a jugarlas.

Porque tener una buena mano no garantiza ganar. Hay personas que parten con ventaja, se confían y terminan desperdiciando oportunidades que otros habrían dado cualquier cosa por tener.

Y existen personas que empiezan con muy poco, pero observan, aprenden, se preparan, esperan el momento adecuado y terminan llegando más lejos de lo que parecía posible.

La actitud importa.

La preparación importa.

Las decisiones importan.

La paciencia importa.

Y, muchas veces, la capacidad de volver a intentarlo importa todavía más.

Pero nosotros no somos solamente seres racionales calculando movimientos.

También necesitamos sentir que nuestra vida significa algo. Buscamos propósito.

Nos preguntamos si lo que hacemos nos hace felices, si estamos viviendo como realmente queremos vivir o simplemente siguiendo el camino que parecía más seguro.

Y mientras pensamos, dudamos, planeamos y decidimos, ocurre algo que nunca se detiene: el tiempo.

Ese es quizá el elemento más importante de todos.

Porque la partida no es infinita.

Un día termina.

Y cuando miremos hacia atrás, probablemente no evaluemos nuestra vida solamente por lo que conseguimos. También recordaremos aquello que intentamos. Las veces que nos atrevimos. Las decisiones que tomamos aun teniendo miedo. Las personas que amamos. Los lugares que conocimos. Las oportunidades que aceptamos. Los errores que cometimos.

Y las veces que, aun sin saber exactamente qué iba a ocurrir, decidimos jugar nuestra mano. Puede haber alguien que haya tenido todas las cartas para ganar y nunca se haya atrevido a utilizarlas. Y puede haber alguien que haya recibido una mano terrible y, aun así, haya decidido jugar hasta el final.

Quizás allí exista una forma distinta de victoria.

No necesariamente haber conseguido todo lo que queríamos, sino poder mirar hacia atrás y saber que estuvimos realmente presentes en nuestra propia vida.

Por eso:

Estudia, nunca es tarde. El tiempo va a pasar igual.

Cambia de trabajo. El tiempo va a pasar igual.

Cambia de carrera. El tiempo va a pasar igual.

Vive alguna vez en esa ciudad que siempre imaginaste. El tiempo va a pasar igual.

Deja esa relación. El tiempo va a pasar igual.

Forma una familia. El tiempo va a pasar igual.

Vive solo. El tiempo va a pasar igual.

Envía ese mensaje. El tiempo va a pasar igual.

Dile que l@ amas. El tiempo va a pasar igual.

Haz ese viaje. El tiempo va a pasar igual.

Toma ese riesgo. El tiempo va a pasar igual.

Di lo que piensas. El tiempo va a pasar igual.

Cuida tu mente, cuida tu cuerpo. El tiempo va a pasar igual.

Date algún gusto sin sentir culpa. El tiempo va a pasar igual.

Aprende algo nuevo. El tiempo va a pasar igual.

Crea tu empresa. El tiempo va a pasar igual.

Ahorra para el futuro. El tiempo va a pasar igual.

Da ese abrazo.

Sube a ese escenario.

Inscríbete en esa competencia.

Acepta esa oportunidad.

Atrévete a decir que no (o que sí).

Equivócate. Una vez. Dos veces. Las que sean necesarias.

Porque incluso mientras tienes miedo de hacerlo, el reloj sigue avanzando.

Dentro de cinco años tendrás cinco años más, hayas empezado o no. Dentro de diez años habrán pasado diez años, hayas perseguido aquello que querías o hayas decidido posponerlo.

El tiempo nunca nos pregunta si estamos preparados.

No podemos controlar todas las cartas. No podemos controlar a los demás jugadores. No podemos cambiar muchas de las reglas. Y tampoco podemos impedir que la partida termine.

Pero mientras tengamos cartas en la mano, todavía podemos jugar.

Lo triste no es que el tiempo pase. El tiempo siempre iba a pasar. Lo verdaderamente triste sería llegar al final y descubrir que, por miedo a perder, nunca nos permitimos jugar. Que por miedo a equivocarnos, nunca elijamos. Que por esperar el momento perfecto, dejamos pasar todos los momentos imperfectos en los que también pudimos ser felices.

La vida no necesita ser perfecta, merecer ser vivida. Solo necesita que estemos en ella, sea que nos atrevamos, acertemos o fallemos.

Y que volvamos a empezar si es necesario.

Porque el tiempo va a pasar igual.