Volver al blog
Notas·2 min de lectura

Domingos

Los domingos son para mí el mejor día de la semana. Desde hace algún tiempo los empleo religiosamente paral ejercicio físico, las caminatas o simplemente salir a tomar fotografías.…

#viajes

Los domingos son para mí el mejor día de la semana. Desde hace algún tiempo los empleo religiosamente paral ejercicio físico, las caminatas o simplemente salir a tomar fotografías. Este hábito empezó sin darme cuenta hace algunos años cuando me uní a un grupo excursionista. Por lo general los domingos en la mañana eran el día del fin de semana predilecto para convocar personas y hacer coincidir agendas.

Los domingos, y en particular los de mi ciudad, suelen ser bastante apacibles. Poco tráfico y clima agradable, ideal para un almuerzo o una salida al aire libre. Con el tiempo terminé asociando mis domingos con la felicidad, con la renovación y con la salud. No importaba lo mal o cargada que hubiese sido mi semana, el domingo era para soltar todo eso, desconectarme y no pensar en nada, solo en disfrutar de estar vivo, y debo confesar que bien me ha hecho.

La complejidad de mis domingos ha ido diluyéndose con el tiempo también. Antes un domingo para mí estaba lleno de acción y adrenalina, de actividades extremas y estimulantes. Me hacía sentir vivo y que era una oportunidad de aprovechar la juventud al máximo. Sin embargo ahora todo se ha vuelto más simple, puedo disfrutarlo igual o más con tan solo leer un libro, ir a un sitio para tomar fotografías, ir a un tomar un café o reencontrarme con alguien.

A veces me he preguntado por qué la magia de hacer y disfrutar de nuevas experiencias no la puedo trasladar con tanta facilidad a otros días de la semana. Quizás una parte de la respuesta está en la misma dinámica de la ciudad, que con su quietud y la disposición de las personas, crea un ambiente propicio para realizar actividades de esparcimiento.

No importa donde esté, los domingos para mí serán sagrados y una oportunidad para derribar todos los obstáculos, planear soluciones o simplemente desconectarme, aunque sea por un momento, de este convulsionado mundo.